viernes, 25 de julio de 2014

Algo va a cambiar.

De aquellas esperanzas que uno atesora en silencio, secretamente, 
como el mal sueño, 
que se cuenta cuando ya no corre peligro de cumplirse.
Con esas sensaciones estoy hace días,
todo el mes de julio,
mes en el que mañana, hace un año, mi mamá murió.

Y he tenido la seguridad latente,
que algo tiene que ocurrir ese día,
el día de tu aniversario.
Algo crucial,
revelador, marcador.
Como cuando uno creía
y en esas creencias,
esperaba el año nuevo,
donde todo debía cambiar.

Lo malo alejarse,

los sueños hermosos cumplirse,
comenzar de cero,
de nuevo,
para mejor,
para la vida llena de colores, luz, lindas esperanzas.

Así debería ser tu día,
aunque su esencia no se produjera así,
porque el cambio drástico,
nace con tu muerte
y en esa ausencia,
la pérdida absoluta de vida, alegría, color, amor, esperanzas.

Aún así, 
como un día terrible y especial,
algo tiene que pasar.
Algo trascendental,
marcador, tajante, absoluto,
como lo eres  y serás tu, mi papá, nosotros cinco, nuestra vida juntos.

O tan radical, oscuro y realista,
como que ya no están,
ni somos, ni quiero vivir así.

martes, 22 de julio de 2014

Alma en pena.

Alma en pena,
deámbula, recorre, camina, mueve,
por lugares de antes,
antes recorridos,
con ustedes, contigo,
espacios inexistentes,
desconocidos a la vista,
desorientados al olfato y la vista.

Sin identidad,
sin reconocernos en las esquinas, 
en las antiguas casas,
los barrios,
historias narradas por ustedes,
pisadas, caminadas, vividas por ustedes, por ti,
que aunque no logré sentir propias,
ahora,
por más que los paseamos, caminamos, 
tan poco queda,
como la ausencia de ustedes.

Alma en pena,
que recorre ciudad fantasma,
buscando personas, historias, lugares, momentos, olores,
brujulas moviendo sus flechas alocadamente,
marcando norte, sur, este, oeste,
cordillera, montañas,
sin identidad,
sin historia.

Alma en pena,
tratando de hallar lugares que fueron suyos, tuyos,
lugares con su historia plasmada,
historias de casas, familias, hermanos, momentos,
nuevamente inubicables,
ni ustedes, ni tu, ni nada.

Alma en pena,
removiendo los recuerdos,
rebuscando en las nostalgias,
lo que fisico ya no está.

domingo, 20 de julio de 2014

Desolación.

Y ese estar en el lugar equivocado,
a sabiendas que no existe el correcto,
que después de ustedes,
todos los espacios carecen de sentido.

En la desolación que produce saber que nada tiene un valor real,
nadie es tan bueno, ni tan amigo,
que no existen los buenos amigos,
aquellos se van diluyendo con el paso del tiempo,
de la vida,
dejándolos en la memoria como recuerdos de tiempos infantiles,
donde los sentimientos eran puros,
demasiado puros y diáfanos,
donde los extremos permitían amar para siempre jamás,
amigos por siempre jamás.

Y ahora en la desolación de la realidad,
no existe un lugar correcto donde estar,
tampoco amigos con los cuales contar,
sola, soledad,
desolación,
el valor de no querer estar más donde se vive,
donde se respira,
se torna como el aliciente,
el nuevo objetivo de vida,
para dejar de vivir,
y en desolación.

jueves, 26 de junio de 2014

335 días.

No hace falta ni ver una fotografía, te llevo en la sangre, vives en mi ser,
tu espíritu está en las dunas del desierto bajo, un cielo inmortal.

Fantasma de mi corazón, humilde, tierno, justo y soñador, gracias por todos esos años, nunca te voy a olvidar.

martes, 17 de junio de 2014

De cosas a cosas.

Una cosa es la claridad, certeza,
obtenida tras el paso del tiempo,
del que se desconoce duración
y que hace finalmente salir,
a luchar, continuar en la vida,
aprendiendo, sumando, conociendo...

Otra cosa es decirle al corazón,
a los sentimientos,
aquellos que no hablan,
ni gritan, ni expresan
pero se comen las ansias y todo lo que entre por la boca,
toda el azúcar del universo,
para saciar, tapar, negar y ojala olvidar,
el dolor de espiritu.

Constatar que pese a las lombrices y serpientes que salgan por mi boca,
palabras vacías,
soy la única que acepta al otro tal cual es,
defectuoso, 
gordos, feos, negros, rubios, lindos, chatos, altos,
lindas, feas, mentirosas, cuenteras, inteligentes, tontas,
mientras ustedes ellas y ellos,
en distintos momentos de la vida,
vean lo que soy, la que soy y pretendan transformarme,
hacer de mi lo que no soy,
sin aceptar, reconocer, conocer, querer,
además de ignorar, olvidar, despreciar.

La duda cala,
¿volver?
¿volver a quién?
a la imagen de una yo armada de corazas de amargura,
oscurecida por la venganza, 
ojo por ojo.

O volver...
pero no a las mismas sendas,
ni a las mismas personas,
pasear si por los mismos caminos,
a las nostalgias siempre, siempre,
pero no a ellos ni a ellas,
sino que obviarlos, ignorarlos, borrarlos,
comenzar a sumar a otros, otras.

lunes, 16 de junio de 2014

Orfandad!

Anoche de regreso a casa por avenida Salvador,
volví a sentir aquel escalofrío de cuando llegamos a Chile,
la sensación de llegar a un país con dictadura,
cubierto de una tremenda pena, injusticia, dolor,
la desconfianza, el gris, la neblina, el frío,
la frialdad de la gente, 
pero que al menos yo, sentía que todo no podía ser mucho peor, porque contaba con la protección de mis padres, en aquella ciudad hostil pero junto a ellos.

Y ahora que ellos no están
y la ciudad sigue de alguna forma manteniendo el gris, la neblina, el frío,
la sensación de orfandad,
de no ser parte de aquí aumente, aumenta.

Inmediatamente los pensamientos me trasportaron a Guadalajara, Ciudad de México, Buenos Aires y sentí que en cualquiera de esos lugares no sentiría escalofríos,
porque por alguna razón que no logro decifrar,
quizás por lo obvia,
ni en Guadalajara, ni en Ciudad de México (lo probaré en agosto cuando vaya a Buenos Aires),
me sentí huerfana, sola, desorientada.

Siempre y más ahora que regresé,
volver cuando ni mi mamá, menos mi papá están junto a nosotros
y sin embargo los sentía tan cerquita mío,
volando en el aire,
protegiendo, acogiendo cada uno de mis pasos.

Y en cambio aquí en su país, su ciudad, su casa,
la atmosfera de abandono,
desorientación, soledad, frío, niebla, gris,
es tan grande, elocuente, abrazadora, que hace temblar.

lunes, 2 de junio de 2014

Equivocos.

Hace 27 años que vivo en Chile,
la mayor parte de ese tiempo lo he pasado habitando la comuna de Providencia,
aquí llegamos en 1987 a vivir a la casa de mis abuelos paternos,
y después de ires y volvires mis papás adquirieron una casa en la misma comuna, para vivir desde 1990 junto a mi hermana Manu, la Quetzi (nuestra mascota) y yo.

Lo curioso es que en esa manía por calcular el tiempo transcurrido en base al de otras personas o lugares donde se estuvo, constato tristemente que llevo más del doble del tiempo en Santiago, que el que alcancé hacer en mi amada Guadalajara.
Y en este tiempo en este país, ciudad, finalmente no guardo ningún vínculo. 
No guardo, no atesoro, vivo, dejo pasar al tiempo, que transcurre por entre los espacios de mis brazos, piernas y manos, sin dejar constancia o más bien, impidiendo dejar huella...

O contándome el cuento que no la dejo, 
como si eso fuera posible. 
¿Será posible?

en mi mente, la que se cierra a aceptarse como santiaguina, chilena 
y que como tales deja pasar el tiempo en esta ciudad, de este país desde hace 27 años. 

En este tiempo ha visto variar la arquitectura, las calles, los negocios, tienditas.
Han llegado y se han ido personas queridas, vecinos, personas desconocidas. 
Todo ha dejado huella. 

La memoria que se aferra a no olvidar que por Manuel Montt, en ambas veredas existían acequias por donde corría agua, lo que hacía que los árboles se vieran alegres, sus hojas más verdes en primavera y verano, 
las calles eran menos sucias porque éramos menos los transeúntes. 
Por Miguel Claro y Manuel Montt existían casonas de arquitectura estilo barco, de dos pisos, con antejardín, mascotas perrunas, mucha vegetación, 
que fueron cambiados por altos y feos edificios, 
ensombreciendo las calles, enfriándolas en el invierno y afeandolas en verano. 

Antes en la esquina de mi casa no existia Laura R, la galletera éxito del barrio, sino que una ferretería.
A mano derecha por Manuel Montt emergía un negocio que terminaría convertido en la botillería del barrio, después estaba el hasta ahora almacén El Rancho y el negocio del español, donde había teléfono público, vinos en barriles, aceitunas, jamones colgando del tendedero y muchas, muchas botellas de alcohol de todos los precios, calidades y sabores, la buena chicha para el 18, actualmente es un barsucho para adolescentes desenfrenados y buenos pa poncear entre otras cosas.

Qué decir de nuestra calle, la cual gozaba del prestigio de considerarse "habitacional", 
por el lado de nuestra vereda, naciendo desde Infante,
una hilera de casas pareadas, con frontis de ventana, puerta, ventana, antejardín cuidado, regado y sus enormes y frondosos árboles. Casi todas pintadas en color blanco, a excepción de la casa de la viuda de paco, que lucía color comisaria, la nuestra rosada por las añoranzas mexicanas.

Cuando recién llegamos al barrio, la tercera casa de Miguel Claro hacia Manuel Montt, era una peluquería, antes estaba la casa de los italianos, después de la peluquería la casa de la viuda de paco que era pinochetista por supuesto, después nosotros, a continuación la señora catatónica que tenía la mampara con vidrios viselados, después la hasta ahora casa de La Oma, su fallecido marido y el perrito chihuahua el par de hombres que tomaban rutinariamente sol y aire todas las tardes de la vida, en la vereda fuera de su casa. Ahora se sumó la Señora Laura, su marido y sus dos hijos y ya no tienen mascotas. 
Después la que fuera casa de un ex futbolista chileno (sepa quién?) 
y por todos lados como la pesadilla que es: La Santisima Trinidad (o huevidad como le decía mi papá) que es el colegio de infantes infectos que padecemos de marzo a diciembre con gran pesar.
A continuación una corrida de dos edificios uno chato y el otro más alto donde vive lo más freack del cuerpo medallado de los carabineros de Chile. Es un barrio un tanto facho, con unas pocas y contadas excepciones, como la señora Ida viuda de Mario Carreño. Panchos Pollo el mejor sabor en cuanto a pollos a las brasas y empanadas. Ahora además tenemos clinica kinesiologa, restorant peruano, bar seudo inglés, estudio de grabación de voces, empresa de radio taxis, todos los ingredientes que lograron matar la esencia de un buen barrio "habitacional".

Y sin embargo, pese a que no se me va una, 
que reconozco y recuerdo todos estos cambios en mi cuadra, en mi barrio, comuna...
mantengo el corazón cerrado con candado,
negándome a sentirlo parte mío,
que sea mi barrio, mi comuna, mi cuadra. 


Y es que transcurre el tiempo,
mi mente, los sueños, el alma, el corazón, dentro de mi burbuja de cristal que atesora a mi inmortal ciudad de Guadalajara. 
Pese a que este año comprobé de propios ojos, 
que así como cambió y se modificó Santiago, 
la perla tapatía (Guadalajara) no cantó mal las rancheras y muchísimas de mis rutas de antaño, la casa en que vivíamos antes de volver, el frontis de la primera casa en la que vivimos o ya no están o el tiempo las ha cambiado.


Quizás ese trancazo inesperado, 
pero bien advertido, 
lo que me hace tomar nota de este equívoco o absurdo de vivir en un lugar sin sentirlo propio y añorar uno lejano, que aunque propio, 
pertenece a mis añoranzas infantiles, adolescentes, tan añosas y cambiadas como la que escribe....

Pero los procesos toman el tiempo que cada quien requiera,
más yo que soy lenta entre las lentas
o aferrada
o quedada, 
pegada, 
más ahora que además, no tengo a mi mamá ni a mi papa.
Supongo lejos de estar descubriendo algo,
que todos esto se debe a ese enorme detalle,
resultado del samarreo de volver a Guadalajara,
samarreo de víceras, de corazón, 
de volver y perder tanto, tanto 
y reencontrar lo que no buscaba.
La sensación interminable que la vida quería darme un remesón, 
de poner mis pies en la tierra...
como si eso solucione en algo la tristeza,
que no sea nublar más y más la conciencia, el alma, 
engrisear los pensamientos, 
sentir que la luz, el color, el sol desaparecieron, 
que con los cambios radicales del lugar atesorado y amado, sumado a las ausencias vitales, la vida se torna sin sentido, gris.
Dificil de encontrar algo de qué agarrarse, un motivo, razón, objetivo, meta...
amanecer y vivir doce horas o lo que dure el día, 
a veces es muy fácil y pasa rápido, 
otras es un espanto, 
la mayoría de las veces es un debatirse con la conciencia.

Pero creamos o confiemos en que llegará el día,
aquel lejano día,

en que volveré a descubrir los colores de la vida,
la luz, el sentido,
lo que le de un rumbo a la vida, a mi vida.....

Un día en que no mire con tanto desamor a la ciudad de mis abuelos paternos,
donde nacieron y estudiaron,
donde mi amado abuelo Titin hizo tanto por la medicina,
donde nacieron y crecieron mis papás,
la ciudad donde construyeron un sueño que duró poco...
un día en que comience a valorar mi capacidad de memorizar detalles que van sumando recuerdos, nostalgias, momentos, lugares, vividos estos 27 años en esta ciudad, de este pais, en esta comuna......... 
y que si seguimos cambiando,
como lo hace mi amada ciudad tapatía, 
lo hacemos nosotros, 
lo hace Providencia, Santiago, Chile, el Sector Hidalgo, Chapultepec, Guadalajara, Vallarta, Libertad, Av. de La Paz.... la calle en la que vivo, las que la rodean, Providencia, Nueva Providencia, Lyon, Pedro de Valdivia,
aunque sus nombres no quieran decirme nada 
y suenen a historia, a la historia de este país que me niego aceptar, querer
pese a no olvidar y recordar, recordar, que es la historia del pais, ciudad, comuna en la que viví con mis abuelos, mis papás, mis mascotas, mi hermana, desde hace 27 años........ 
¿Será?

domingo, 25 de mayo de 2014

Extrañar

Cuanto más se acercaba la fecha de aniversario,
más extraño se siente el ambiente, 
un apretuje en el estómago, un desasón, 
comenzar a sentir que nada tiene demasiado sentido, color.

Así me pasa ahora,
cada nuevo 26,
la semana previa a ello,
todo se torna gris
y el instinto obliga,
encapsularse.

El deseo de no estar con nadie,
la soledad como única compañera,
aquella soledad que habla,
que sin música, 
el sonido susurra en tus oídos.

La necesidad de soledad, 
silencio, calma, 
reencontrarse consigo misma,
con los pensamientos, 
aquellos que guardamos o escondemos
y que ahora afloran
y que provocan lágrimas...
quizás lo que queremos es que las lágrimas nos contengan,
que broten como la lluvia,
que limpien el alma, las penas, amarguras, carencias, el vacio, el dolor.

Pero es una situación inexplicable,
que los externos toman como depresión,
preocupación de una persona tornándose a gris,
como si extrañar a los que no están fuera un pecado,
como si el querer quedarse extrañando fuera algo malo,
que no todos puedan conectarse con sus muertos,
a quienes se extraña,
no necesariamente para reunirse con ellos,
aunque a veces si se quiera uno ir...
pero pareciera que el estar apagado,
sin energía
y además, no querer buscarla,
fuera un pecado.

Todos aquellos que pullan mi acción,
¿serán los que no pueden conectarse consigo mismos?,
¿que le temen a la soledad?,
¿al silencio de las voces internas?,
¿a escucharlas, entenderlas?
y actuar...

Todos giramos en torno a nuestros egos,
por mi parte, desde el ego triste que suma cada que se acerca un nuevo 26 de tu partida,
porque tengo pena,
porque me sobran culpas,
porque ahora que ya no estás,
descubro que la vida no era mejor sin ti,
que no iban a sucederse mejores cosas, personas, momentos.

Ahora sé que la vida que teníamos en común, 
era más que buena,
porque nos queríamos,
pese a mis enojos, a mis irritables momentos eternos en los que no me soportaba ni yo,
ahora pasa igual, no mejora sino que aumenta,
ahora descubro que siempre de los siempres jamases el problema era yo,
la insatisfecha,
amargada, gruñona, culpando calladamente al mundo por mi suerte...
como si ahora hubiera mejorado,
como si algo hubiera cambiado más allá de constatar que tenerte a mi lado era lo mejor, mil veces lo mejor que me había pasado.

Si siempre fuimos Los Locos Adams,
¿que importaba convertirme en tu marido?
tu compañera de vida,
la que te conectaba parlanchina y extrovertidamente con el mundo exterior,
eso pensaba,
que era el conecte tuyo con el exterior
y ahora descubrimos que siempre, siempre, fuiste tu y nadie más que tu, la que mantenía unida esta familia que no se pega ni con moco.
Que sin tus llamadas nocturnas a tus hijos, nietas,
nada, nada funcionaba,
no nos veriamos como no lo hacemos ahora,
no existiría vinculo, como casi no ocurre ahora.

Tu eras el verdadero motor de la familia,
la que alejada del ego,
de la vanidad,
siempre generosa, auntentica y realmente generosa,
abrías tu corazón para otros, para dar, regalar, buscar, arreglar, solucionar, dar, dar, dar,
sin tus desvalorizados movimientos,
hace años que no podríamos hacer gargaras de familia,
hace años que no nos veríamos hermanas, hermanos, primos, sobrinos
y aunque no me importaría dejar de verlos,
en tu ausencia,
valoro enormemente la generosidad de tu acción.

Extraño esa vida buena,
extraño tu compañía,
porque hoy, 
nada, absolutamente nada es mejor o más grande o espectacular,
tan solo algunos matices han variado,
muchos de ellos a tonalidades grises,
porque descubrí en tu ausencia,
que las dos personificabamos una pareja irregular pero equilibrada.

Extraño tener a quién comprarle galletas Laura R,
extraño que me tomes la mano,
que veamos TV juntitas en tu pieza,
aunque el aire está lleno de ti,
la casa impregnada de ti,
la ausencia física me hace tanta falta,
mi abuelita de batman,
la de la bata morada.


Agradezco soñarte,
pero francamente y qué le vamos hacer,
el cuerpo, 
la persona, 
mi mamá, 
tus manitas calientitas, de dedos largos y delgados, las uñas perfectas, 
los ojitos con lagañas, traerte pecaditos, compartir momentos....
eso que no se repetirá
y que está en la memoria, 
en el corazón, 
ESO ES LO QUE EXTRAÑO,
extraño tanto, tantisimo....

Y que provoca en los previos al 26
y el mismo día,
que una se sienta que no hay espacio, rincón, lugar, momento,
para encontrar la paz,
el centro, horizonte,
el sentido de la vida.

El sin sentido de la vida lo domina todo
y es entonces, que pensamientos nada alentadores se cruzan por mi mente,
pero siempre courre algo tremendamente terrible,
que te (me) mete en cintura
y te (me) enseñan que no se puede jugar con eso,
que si lo haces sale y vale y sino déjalo pasar.

Lo que no quita que de todas maneras te extrañe muchísimo!!

domingo, 18 de mayo de 2014

Nostalgia.

Todavía faltan 8 días para que se cumpla un mes más sin ti
y sin embargo mucho antes de hoy,
es más desde toda la semana,
llevo una pena en la garganta.

Que no debería ser tanta,
ya que en el consuelo mínimo,
llevo varias noches soñando contigo,
situaciones cotideanas, de la vida común,
que parecen de la vida real,
que hacen quizás que tu presencia, siempre presente, este más aún.

Y será por eso la pena?
esta nostalgia que convierte al cielo más luminoso en uno un tanto gris,
no gris y malo,
sino gris sin tanta alegría,
sin tanta luz,
un gris de invierno pese a que estamos en un extraño otoño,
tristeza simplemente, como ahora, en este instante,
que por ponerle un color el gris lo caracteriza mejor,
que también podría ser un rojo apagado de otoño,
más que mal en el acto del caer de las hojas,
hay una muerte previa innevitable,
pero aquella muerte tiene un color hermoso, una poesía rojiza que vuela por los aires hasta que toca el suelo, quizás el pasto y lo cubre de otras tonalidades.

En cambio el pesar,
el sentir pesado,
el sentir pesado y nostalgico a por ti,
por más que entre la luz de otoño por nuestras ventanas,
es triste,
porque quisiera ir a tu pieza y encontrarte,
quisiera estuvieras en cuerpo presente en la casa,
sentada en el comedor,
leyendo el diario,
tocando con tus dedos la mesa.

Ay mamita linda,
como añoro los momentos que vivimos juntas,
como extraño,
daría tanto de todo por volver el tiempo atrás y
repetir la alegría de estar juntas,
valorar el hecho del tiempo que pasamos juntas,
ahora tu ausencia me pesa,
el vacio que deja tu ausencia duele, me da pena, se estruja el estomago, se contrae el alma, la garganta se cierra y dan unas ganas tremendas de llorar, llorar, llorar, con la esperanza que te aparezcas y consueles mi pena y te quedes a mi lado por siempre jamás.

jueves, 1 de mayo de 2014

Desaparecer.

Encontrar, descubrir, enfrentar, afrontar, perder. Sobre todo perder y las fantasías, burbujas, ilusiones, inocencias que alimentaban la vida, el alma y la imaginación.
Sumar pérdida de relaciones, vinculos con personas.
Un vacio enorme me suma y hace cuestionarlo todo.

Libertad para pensar, hace sentir más que depresión, sufrir de vacío.
Esta vida en la que siempre hay quienes se van, me dejan, se alejan.
Punzadas contra mi suceptibilidad provocan dolor y como el orgullo es mi negativo? pilar, solo padecerlo, repensar, pensar, pensar.

Vacio, aburrimiento, cansancio o las tres cosas,
sin demasiadas ganas de hacer nada,
mucho tendrá que ver la apariencia,
deseos de taparse con un saco de papas color negro y largo,
cubrirse y salir al mundo sin mirar nada, a nadie.

Vacía de lazos,
certeza sanguínea que al requerir no estarán,
dificultad de llegar a la médula misma,
la mía, la de los otros,
conocerlos (nos), entender (nos), ponerte en el lugar de ellos y ellos en el mío,
suceptibilidad intensa, que hace doler lo que parece más infimo.

Provocar desde el interior hacia fuera,
cambios drásticos,
cortar lazos con lo que provoca hilaridad a mi excesiva suceptibilidad,
herencia del demonio de mi padre, que hace odiar y romper con el exterior radicalmente en busca de apasiguar tu centro.
Suspicacia reinante que nadie, nunca, desde ningún lugar del mundo, me querrá, solo y quizás mis papás y ya no están.
Libertad otorgada tras la supuesta atadura, podría provocar desaparecer.

Desaparecer.
Neurosis alcanzada de la ecuación perfecta al sentir odio por todos y a veces, quererlos. Odio porque no me conocen, no están, no comprenden, que no estarán.
Amor por los algunos que quizás creen conocerme y han estado.
Lastre, peso, de este desequilibrio emocional,
la constante por sentirse invisible.
Alejarse de todos,
la esencia es en solo mayor,
esperando el momento de desaparecer.